Lo sencillo se hace obvio cuando nos cansamos de buscar a nuestro alrededor.
Los pasos se suman y abren un juego enorme de potencialidades.
Cuando el guerrero deja de mirar su ego, encuentra la paz detrás de todo él que se protegía.
Cuando te creo, te moldeo, te pienso, te dibujo, te sueño, te hablo, te miro, te escondo y te recuerdo.
Siempre estás, a tí me ofrezco; mi energía, mi fuego y mis manos.
Y sin final, ni principio; ni cansancio, ni llanto, ni tormento; cuando aparece ante mí, lo comparto como un secreto.